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EL ARTE DE SOLTAR EL CONTROL

EL ARTE DE SOLTAR EL CONTROL

Tengo 39 años. Mi madre de 82 me crió para ser una mujer fuerte e independiente. Siempre me dijo que debía estudiar y trabajar duro para nunca tener que depender de ningún hombre. Su madre, mi abuela, la había educado para que ella, a su vez, fuera una mujer fuerte e independiente. Mi padre por su parte había sido educado para ser el proveedor de la casa y creo que fue después de muchos años que se dio cuenta que su esposa necesitaba mucho mas de él que ser un simple proveedor.

La gran mayoría de mujeres que conozco, más jóvenes y con mas edad que yo, hemos sido educadas para ser “independientes”. Supongo que lo que nuestras madres buscaban era que pudiéramos vivir bien sin necesidad de que un hombre nos mantuviera.

El problema fue que, con esa educación hacia la independencia, vino a la vez esa idea de que debíamos ser las mejores en todo: las más bonitas, fit, educadas, con postgrado, buena esposa, buena hija, buena empleada, buena madre, que hable al menos 2 idiomas, sepa cocinar, mantenga la casa bonita y si además sabe de fútbol, carros y caballos es un hit. Ahh y además, debemos ser queridas y tener siempre nuestra mejor sonrisa. Y estar bien peinadas.

De verdad? Alcanzar ese nivel de perfección no solo es imposible, sino que además requiere de nosotros un esfuerzo interminable, que nos obliga a compararnos, cuestionarnos y a mantenernos física, mental y espiritualmente cansadas. Es demasiado.

En esa lucha por ser esa mujer ideal, perfecta, autosuficiente y exitosa, nos hemos encontrado con esa necesidad subconsciente de controlarlo todo. Nos hemos formado un ideal de una mujer que solo existe en nuestra mente y que para poder lograr tener éxito en varias de estas áreas al tiempo, es necesario poder controlar cosas que están muy fuera de nuestro control.

Para poder mantener la casa en orden mientras estudiamos, trabajamos y vamos al gimnasio es necesario que todos sigan lo que creemos que deben ser unas reglas básicas de vida.

El problema radica es que esas “reglas básicas” solo están en nuestra cabeza y lo que creemos “correcto” está determinado por nuestros valores, creencias y experiencias pasadas. Entonces cuando los demás no actúan como nosotros queremos, explotamos.

Empezamos a condicionar a nuestros maridos, hijos y empleados a que se comporten como nosotros queremos.  Mis pacientes y amigas generalmente me preguntan cómo hacen para que sus esposos, padres, hijos y empleados se comporten como ellas quieren. Creemos que la única manera de hacer las cosas bien es si los demás las hacen a nuestra manera y como en muchos casos eso no pasa, terminamos haciendo el trabajo de los demás.

 

¿Como se si soy controladora?

Queeee? ¡Yo no soy controladora! Mmm, pues solo un poquito!

Esa es la frase que generalmente todas me dicen. Entonces, lo primero que debemos hacer es identificar si empleamos algunas de estas conductas:

  • Creemos que nuestra forma de hacer las cosas es la única valida y tratamos a los demás de bobos porque no ven la vida como nosotros la vemos
  • Tendemos a juzgar a los demás que no son, piensan o actúan como nosotros queremos.
  • Ridiculizamos, nos reímos de, o discutimos con los que son “diferentes”.
  • Creemos que nuestra forma de ver el mundo es la correcta y todo el que no vea la vida como yo está equivocado.
  • Creemos que conocemos tan bien al otro (esposo, hijo, padre, empleado, amigo, etc) que podemos decirle como vivir su vida o resolver sus problemas
  • Tratamos de aislar a las personas que queremos de las personas que no nos gustan. Entonces alejamos a nuestro esposo de sus familiares o amigos, a nuestros hijos de las parejas o amigos que no nos gustan o a nuestros amigos, empleados o compañeros de trabajo, de aquellos a quienes consideramos nuestros enemigos.
  • Necesitamos que los demás nos demuestren su simpatía incondicional.
  • Nos hacemos las víctimas o los super héroes.
  • Hablamos del bienestar general, para lograr cosas que solo nos benefician a nosotros.
  • Buscamos hacer sentir culpables a los demás de nuestra infelicidad.

 

Ser una super mujer es agotador, no solo para nosotras mismas, sino para toda la gente que nos rodea. Generalmente terminamos haciendo sentir a los demás como seres insignificantes, culpables, estúpidos, entre otros. No es raro entonces entender que el esposo de una mujer controladora termina engañándola con la asistente contable que lo “necesita” y que un empleado termina yéndose a otra empresa que le paga el mismo sueldo, pero donde será útil y podrá aprender cosas nuevas o un hijo termina saliendo con la pareja que menos nos gusta, porque es completamente diferente a nosotros.

 

¿Como aprender a soltar el control?

Lo primero, es aceptar que somos controladores. Si lo somos, para liberarnos de esta conducta, debemos identificar de donde viene, que la dispara y a quien buscamos controlar.

Hazte las siguientes preguntas: ¿Qué suceso en el pasado, en nuestra infancia o juventud, nos llevó a sentirnos responsables de todo lo que pasaba a nuestro alrededor?  ¿Qué conductas o sucesos disparan mi necesidad de control? ¿Como expreso esta necesidad de control? A quien intento controlar? ¿Qué aspectos en mi vida no puedo controlar?

 Una vez identifiques de donde viene la conducta, decide cambiar tus pensamientos, palabras y acciones.  Ponte metas claras. Empieza a confiar en ti y en los demás. Establece acuerdos claros con las demás personas, suelta la rienda y confía.

Y repite el proceso tantas veces como sea necesario.

Es posible que necesites “anclar” nuevos pensamientos y emociones en tu subconciente, para que te ayuden a romper este ciclo de control. Y si esta conducta está afectando a la gente que amas, es mejor que busques un buen coach que te ayude a romper con el ciclo.

Escríbeme y cuéntame tus experiencias y si deseas hablar con alguien o que te enseñe algunas técnicas para identificar de donde viene este comportamiento y aprender a soltar el control, llámame, libérate de tu necesidad de controlar y vive una vida más plena y feliz.

 

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