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La Crisis de la Edad Media

¿Sabías que las llamadas crisis de la edad media, se dan realmente entre los 30 y los 50 años y se dan porque ya has vivido las suficientes experiencias que te permiten predecir cómo te vas a sentir frente a algo?

Y entonces empiezas a predecir cómo te vas a sentir con algún evento futuro. Supones como te va a hacer sentir tu pareja, tu jefe, tus amigos o algo nuevo que compras. Supones que algo malo va a pasar y antes de que pase, te empiezas a sentir mal. O supones que ya lo sabes todo y pierdes el interés por estudiar y aprender cosas nuevas. Y así, de a poquito, vas perdiendo el sentido del asombro y a su vez, vas perdiendo la “emoción” que producen las cosas nuevas.

Y sin emoción, pues la vida se vuelve monótona, hasta que un día te levantas y te preguntas qué sentido tiene lo que haces.

 

Y frente a esta pregunta, a la que todos llegamos tarde o temprano en la vida, siempre hay 2 respuestas: la fácil y la que nos obliga replantearnos la vida misma.

La fácil, consiste en buscar obtener “emoción” o gratificación basado en las experiencias previas. Y así como sentiste emoción, cuando a tus 20 años te compraste un auto nuevo, pues vas y te compras el ultimo BMW del concesionario. Así como en tus 20s sentiste emoción con salir con una nueva pareja, pues vas y te acuestas con la primera persona que se te cruza por el frente, y así como cuando en tu juventud te causaba alegría viajar, te vas de vacaciones a un sitio nuevo.

Y así empezamos a acumular cosas, relaciones y experiencias que nos dan emoción, pero que se acaban muy rápido. Porque apenas te das cuenta que el carro sirve para lo mismo para lo que servía el anterior, que tu nueva “pareja” tiene los mismos defectos o más que tu ex o se acaban tus vacaciones, vuelves a sentir el mismo vacío que tenías antes. Entonces, te vas de fiesta y te emborrachas, pero al lunes, vuelves a sentir el mismo vacío que tenías el jueves en la tarde.

La segunda opción, es emprender un viaje interior para descubrir aquello que nos hace realmente felices. Y entonces un día nos despertamos y decidimos buscar esa felicidad dentro de nosotros. Y aquí es cuando tomamos las decisiones más valiosas y trascendentales de la vida. Nos lanzamos a la independencia, comenzamos a pintar o decidimos cambiar de carrera. De repente te cansas de tus amigos de siempre o de la pareja con la que no eres feliz hace muchos años y te lanzas a lo desconocido, porque sabes que en lo conocido no eres feliz. Y nadie sabe qué pasa en ese proceso, solo se sabe que cuando sales, eres otro. Feliz, pleno, diferente. Y al lunes sientes la misma emoción que sentías el viernes en la tarde. Y ya no es un carro, una pareja o unas vacaciones lo que te llena, eres tú, es abrirte a lo inesperado, emprender un nuevo camino, sin la certeza del puerto a dónde vas a llegar, pero con la seguridad de que es la vida que de verdad quieres llevar. Y ahí, en ese momento, te encuentras con la felicidad.

 

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